Rececho

¡Si tu modalidad es el rececho, estás en el sitio correcto!

La caza a rececho es una de las modalidades más exigentes y complejas, pero sobre todo una de las más gratificantes y satisfactorias para el amante de los trofeos más selectos. Descubre nuevos terrenos, compañeros y las especies más duras y complicadas de abatir como los rebecos (sarrio) del pirineo, los grandes trofeos de corzo y ciervo, y el macho montés (arruí), el más cotizado trofeo de rececho en España.

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La caza a rececho es una modalidad de caza que se practica en todo el mundo y que consiste en buscar a un animal en concreto por su trofeo, o sencillamente la búsqueda de un animal para darle caza, llevando a cabo un acercamiento sigiloso, duro y complejo en la mayoría de sus jornadas y especies.

Este tipo de caza se practica a pie y en él solamente interviene un cazador solo o acompañado de un guarda o guía de caza que ejerce las tareas de vigilancia y control y que en la mayoría de las jornadas resulta clave en el éxito de la cacería. Cuando la pieza es localizada, se lleva a cabo una aproximación con el viento a favor para evitar ser detectado por el animal, realizando el disparo cuando se está a una distancia adecuada.

Los recechos de corzo son los más demandados y solicitados. Abril es el mejor mes para hacerlo, ya que en estas semanas es cuando los machos dominantes están terminando el marcado de los territorios. Para ello suelen elegir los bordes de caminos, siembras o arroyos y suelen permanecer estables durante años ya que es una especie muy querenciosa y sedentaria. Con lo cual, es habitual que podamos encontrar a los corzos cada año por los mismos lugares.

No nos podemos olvidar de los grandes trofeos de macho montés de nuestro territorio y de las intensas caminatas de alta montaña para colocar un buen rebeco en nuestro visor a una distancia de tiro.

Una vez localizada la pieza, nos iremos acercando sigilosamente y esperaremos el mejor momento para tirar, que suele ser cuando el animal está de lado y en pie. Se aconseja que no haya más de 150/200 metros de distancia, pero tampoco menos de 60 metros. En ambos casos correremos riesgos innecesarios. Además es importante meditar bien el disparo para conseguir dar en un punto vital donde consigamos dar muerte digna a la presa. Aunque en esto de las distancias el cazador será el que marcará sus propios límites.

Es comprensible que cada día haya más aficionados a la caza a rececho por su satisfacción y puesta a prueba del cazador. El acercamiento sin ser descubierto hace que uno pare hasta la respiración.